La convivencia con una familia alemana y sus costumbres.
Estas dos semanas que he pasado en Alemania, han sido una de las mejores experiencias que he tenido y tendré seguramente en toda mi vida. Una de las mayores razones, ha sido la convivencia con una familia alemana a pesar de que tenían unas costumbres totalmente diferentes a las que yo estaba adaptada aquí en España. A pesar de encontrarme allí sola, con una familia a la que no conocía de nada y con unas costumbres que yo desconocía, mi adaptación a su modo de vida no fue muy complicada gracias sobre todo al buen trato de la familia Huter.
Nada más llegar a la estación, Svenja (mi alemana) y una amiga suya me acogieron agradablemente aunque, eso sí, con mucha timidez por parte de las dos. De camino a su casa, que se encontraba a treinta minutos de Hamburgo en un pueblo llamado Großhansdorf, esta timidez fue disminuyendo a medida que nos contábamos la una a la otra cosas sobre nuestras vidas. Al llegar a su casa sólo encontré a su madre (Monika) quien durante toda mi estancia allí no paró de sonreírme ni un segundo y quien me dio una agradable acogida. Pero quien realmente alegraba la casa era su padre (Ingo Huter), a quien conocería más tarde pues siempre estaba de viaje de negocios, ya que era el empresario de una importante compañía de grúas que trabajaba con Alemania y el este de Holanda. Monika en cambio, era ama de casa pero ella me comentó que era suficiente trabajo hacerse cargo de la casa, ya que en aquel pueblo todas las familias vivían en casas de más de un piso, y además de ser costoso el limpiarlas, también tenían que cuidar sus jardines, etc.
Pero como en cualquier sitio al que se viaje, siempre va a haber diferentes costumbres a las que a una le va a costar adaptarse hasta que pase un tiempo. Y normalmente la mayor diferencia siempre se va a encontrar en la comida. Me acuerdo del primer día y la cara de sorpresa y rareza que puse al ver mi desayuno: una bandeja con toda clase de panes, mantequilla, mermelada y rebanadas de embutido de cerdo y de pollo. La verdad es que me sorprendió bastante hasta que descubrí que eso era muy común allí ya que para cenar y almorzar también me ponían embutido. Y es que en Alemania las comidas frías son muy comunes. También me sorprendió que no usaran sal, vinagre y aceite en las ensaladas aunque ya me habían avisado que en Alemania no se usaba mucho aceite. En su lugar ponían salsas de todo tipo que al principio se hacían extrañas al paladar pero a las que enseguida acaba uno acostumbrándose. En general, sus comidas solían ser ligeras y poco abundantes, además de no tener horario fijo para las comidas pues comían a la hora que llegasen a casa. Pero una de las cosas que más eché de menos en Alemania fue el agua. Allí la mayoría de la gente bebía agua con gas. Incluso existían unas máquinas en las casas donde metían el agua sin gas y salía con gas. Tanto era así que para desayunar me solían dar cuatro tostadas con mermelada y un vaso de agua con gas. Al principio se me hizo raro pero, como a todo, me acabé acostumbrando. Además aquí se notó la amabilidad de Monika ya que un día después de haber estado hablando con ella de que en España bebíamos agua sin gas, había comprado exclusivamente para mí botellines de agua sin gas para que me los llevara de almuerzo. A parte del agua con gas, también eran muy frecuentes los zumos de naranja, manzana, etc.
La manera que tenían de divertirse Svenja y el resto de sus amigos era muy parecida a la que tenemos nosotros aquí. Svenja me contó que solía ir con sus amigas a algún pueblo cercano más grande que el suyo a hacer compras en grandes almacenes y tiendas para comprarse ropa, discos o cualquier otra cosa. También solían ver películas o bien en el cine o quedaban en casa de alguien para ver un video. Un día Svenja llamó a tres amigas suyas para que fuesen a su casa. Fue una tarde agradable. Primero vimos una película de video y después estuvimos jugando a unos juegos que ella tenía. También suelen reunirse para ir a fiestas o discotecas. Una vez, Svenja y yo quedamos con sus amigos para ir a una fiesta hawaiana. Primero fuimos en bici a buscar a Anna (una de las mejores amigas de Svenja con la que yo también tenía muy buena relación) y a una amiga de ésta de Hamburgo, que me resultó bastante agradable ya que pude hablar con ella habiéndola conocido hacía apenas diez minutos. La costumbre de reunirse en alguna casa o cualquier otro lugar para beber y hablar antes de salir de fiesta también la tenían ellos. Después de esto, fuimos a la fiesta hawaiana donde pasamos un buen rato bailando y cantando.
Y, para terminar, no podía dejar una serie de puntos que me llamaron mucho la atención sobre sus costumbres. Y es que nada más llegar a la casa el primer día, me sorprendió mucho que lo primero que hiciesen todos fuese dejar sus zapatos en la entrada. Me pareció una costumbre curiosa pero no obstante efectiva ya que de esta manera mantenían la casa limpia. Otro punto que me sorprendió bastante nada más llegar a Großhansdorf fue el ver a tanta gente que andaba en bici. Y es que la hora de levantarse para ir a la escuela era la misma que aquí pero no el medio de transporte en el que íbamos ya que aunque a veces cogíamos el autobús, la mayoría de las veces fuimos en bici al colegio, a las fiestas, ...a todas partes con las bicis.
El día en Großhansdorf acababa muy pronto. Hacia las ocho de la tarde todo el mundo estaba en sus casas, e incluso ya habíamos cenado para esa hora. Pero lo que realmente me sorprendió fue el gran avance de Alemania sobre España en varios sentidos como por ejemplo la tecnología. En su habitación, Svenja tenía todo tipo de tecnologías: televisión, video, una minicadena de los modelos más recientes, etc. pero lo que más me llamó la atención fue que tenía también un minidisc, un aparato para escuchar música que casi ni se conoce todavía en España. Y además, en Alemania tienen un sistema para ahorrar dinero en los salarios de los interventores de transportes públicos. Y es que los interventores pasan muy de vez en cuando (ahorrándose así la empresa mucho dinero) pero si cogen a alguien sin billete la multa que tendrá que pagar será increíble.
Estas son algunas de las curiosidades que encontré durante mis dos semanas de estancia en Alemania conviviendo con una familia. Sin duda, dos semanas que no podré olvidar gracias, en parte, al buen trato de la familia Huter.
Octubre 2002 Itziar